Los perros que ingresan a la residencia o guardería se someten a una prueba de temperamento antes de incorporarse al cuidado regular. El objetivo es observar su comodidad al ser manipulados, su comunicación, su capacidad de recuperación tras momentos de excitación y sus reacciones ante el entorno y otros perros compatibles. Los perros se presentan individualmente, en lugar de integrarse inmediatamente a un grupo completo. Las presentaciones pueden ser graduales, y la aprobación para un grupo o situación no garantiza que todas las combinaciones de perros sean adecuadas.
Las decisiones grupales consideran más que el tamaño. También tenemos en cuenta la energía, la confianza, el estilo de juego, la edad, el nivel de excitación, la comunicación, la capacidad física y el comportamiento del perro ese día. Se pueden usar áreas separadas y cercas divisorias cuando los perros necesitan diferentes niveles de actividad o más espacio personal. Un perro puede recibir un descanso o una rutina modificada incluso después de haber participado con éxito anteriormente.
Se supervisa a los perros durante las actividades sociales, pero esto no significa obligarlos a interactuar continuamente. Los periodos de descanso son fundamentales para un cuidado seguro, ya que los perros demasiado cansados pueden volverse irritables, nerviosos o tener dificultades para responder adecuadamente a otros perros. Las comidas, los objetos de gran valor y ciertos juguetes se pueden administrar por separado para reducir la competencia. Los juguetes se ofrecen solo cuando son apropiados para el grupo y hay supervisión disponible.